Casi Nada - WebZine - Indice general temático - Páginas Principales - Indice num. 1 (1996)

 
DANZA DE ESPEJOS, de Lois McMaster Bujold

Nova, Barcelona, octubre 95
Premio Hugo 1995, Premio Locus 1995
 
 

Otro libro de la serie de Miles Vorkosigan/Naismith. Cronologicamente debería ser la continuación de Brothers in Arms (1989), pero éste no ha sido publicado en la colección de Nova, por lo que la aparición del clon de Miles y sus referencias históricas, que provienen de la obra mencionada, no quedan muy claras para los que no tienen la suerte de seguir la saga en inglés. 

La novela se lee con interés creciente. Al principio extrañamos un ritmo más vivo, pero poco a poco nos vamos metiendo en la historia. Sin embargo estamos dispuestos a aceptar que lo del "ritmo" puede ser una crítica demasiado subjetiva ya que ¿como medir el grado de dinamismo satisfactorio para que un lector promedio quede "cogido" en una narración? De lo único que estamos dispuestos a reafirmarnos es en nuestra queja (o lamentación) porque la editorial no publicó Brothers in Arms. Estamos seguros que, ya en antecedentes, la presencia del clon de Miles no nos habría resultado tan extraña, y algo difícil de tragar al inicio de la obra. 

La idea de un "hermanísimo" gemelo y clón del inteligente y aventurero hijo de los Vorkosigan, en busca de venganza (y también identidad) puede provocar embrollos sin fin; más la autora sabe evitar el vodevil y la comedia de enredos para insuflar vida al personaje, y convertirlo en un ser humano no menos personal e interesante que su famoso hermano. 

El argumento tiene un valor importante: resulta difícil adivinar las incidencias del juego. Cuándo pensamos que las situaciones se encaminan de cierta manera aparece la sorpresa y un nuevo cambio de rumbo. Sin embargo, los eventos imprevistos no dan la impresión de que la autora esta "jugando" con el lector, sino que ellos brotan de la delicada situación en que se encuentran los 
actores principales. La Bujold es, sin ninguna duda, una maestra en el sutil arte de la narración y no hace trampas para antener la atención. Además gusta de imaginar las extrañas interacciones que pueden existir entre diferentes especies de humanos: "Thorne se inclinó sobre la silla con una sonrisa extraña y misteriosa en los labios, lo cogió de la barbilla con una mano delgada pero fuerte y lo besó". Mark, el hermano de Miles, se queda paralizado, al igual que el lector. Recibir un beso en los labios de un hermafrodita puede ser una inquietante experiencia para cualquiera... sea hombre o mujer. McMaster Bujold no solo diseña un libro de aventuras, también lo hace verosímil al incluírlo en una estructura donde los vínculos de poder y económicos son un espejo de nuestro mundo actual. La tecnología ha cambiado. Las especies inteligentes son diversas. Los humanos no tenemos todos la misma forma (¿que dilema para la divinidad si quisiera volver a encarnarse?); sin embargo los intereses vitales son los mismos. La necesidad de sobrevivir y predominar, el afán de poder y de dinero, la búsqueda del amor y el reconocimiento son los eternos ejes que mueven la conducta allá en el cielo, como en la tierra. De allí que la autora pueda decir, y no resultar anacrónico: "Es importante que alguien celebre nuestra existencia (...). La gente es el único espejo en que podemos vernos a nosotros mismos. El campo de todo significado. Toda virtud, todo mal existe sólo en la gente. No hay nada de eso suelto en el universo. El confinamiento solitario es un castigo en todas las culturas humanas". 

Por la misma regla de tres, las perversiones y la demencia pueden tomar variadas formas en los expandidos mundos del futuro, y sin embargo "... pienso que la mitad de lo que llamamos locura es un pobre tipo que trata de manejar el dolor y la pena con una estrategia que molesta a la gente que lo rodea." 

Así es que, tanto en Barrayar cuanto en las Casas estelares (que recuerdan a poderosas multinacionales monopolizadoras de secretos y tecnología genética), el liderazgo político sigue planteando los mismos, y conocidos, problemas de sucesión: "La marca de un gran hombre es el legado de hombres que deja detrás, hombres a quienes ha pasado sus habilidades." Estas palabras resuenan cuando, casi sin darnos cuenta, recordamos que es difícil encontrar un gran hombre público que haya sido capaz decrear una línea de sucesión igualmente competente. ¿Acaso no valen aquí y ahora, en nuestro país o en cualquier parte del mundo, la reflexión anterior? La Bujold, además de recrear la "space opera" del 90, no se conforma con ello, no se trata de hacer solo literatura de evasión. En verdad el límite entre el entretenimiento y la profundización puede ser muy difuso. A veces tengo la sensación que una buena novela de aventuras, como ésta, puede hurgar más en la realidad que un tratado de sociología académica. No siempre el "conocimiento" está donde esperamos encontrarlo... ni la diversión es tan inocente como suponemos. 

Al que escribe estos someros comentarios le resultó fascinante el episodio de la tortura de Lord Mark (a esta altura ya debe llamarlselo como corresponde) y como afloran, desde las profundidades inconscientes, sus diferentes "yoes". Una estrategia de salvación perfectamente sólida, y sin embargo inquietante e imprevisible. En el fondo todos, como en el texto bíblico, somos legión. Una legión de demonios unificados por la costumbre, la memoria y la presión de un exterior que nos adjudica un nombre. En una situación de disgregación, como sucedió tantas veces en los campos de concentración nazis, toman el mando otros sujetos y el benevolente médico puede transformarse en un jodido colaborador del torturador. En cambio, Lord Mark, los deja subir a la superficie para mantener la integridad de su yo principal... y lo logra. Louis McMaster Bujold no explica cómo, solo indica a su forma, dramáticamente, que es posible jugar sin cartas, y ganar. ¡Jo! esta señora sí que es peligrosa. 

En síntesis, una novela que se debe leer tranquilamente (no en una noche) y que merece ser releída, seleccionando las mejores partes. No me parece que sea literatura únicamente para adeptos a un género, ni circunscripta a una edad determinada. Lo único que se requiere es usar la inteligencia que disponemos. Parafraseando a Jorge Luis Borges uno, también, puede estar orgulloso de las novelas que apreciamos. Lo dicho puede resultar excesivo para una obra "de género". Sin embargo estamos persuadidos que la última palabra no la tenemos ni los críticos ni el público actual; dentro de 200 años... hablaremos. 

Mc Perex 

 

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