Casi Nada - WebZine- Indice abril 1998 - Indice General Temático - Páginas Centrales
Localización original de este documento: http://usuarios.iponet.es/casinada/21fgames.htm
  Funny Games (de Michael Haneke) 
 
 
FUNNY GAMES  
Director: MICHAEL HANEKE  
Intérpretes: Susanne Lothar, Ulrich Mühe, Frank Giering, Arno Frisch  

Nacionalidad: Austria 1997. 

 
 
 
Preocupado por el proceso de insensibilización de la sociedad frente a la representación de la violencia, en los modernos medios de comunicación, Michael Haneke, director de producciones teatrales para televisión (la ARD, pública), y guionista y director de cine austríaco, ha realizado un durísimo alegato cinematográfico cuya máxima virtud será, con toda seguridad, no dejar indiferente a ningún espectador.  

Haneke ataca frontalmente a la capacidad mixitificadora de las artes visuales, capaces de transformar en fascinante espectáculo el horror y el sufrimiento humanos, firmemente decidido a sacudir las conciencias de quienes pueden albergar alguna esperanza tranquilizadora en su relato. Lo hace sin permitir respiro ni concesión, pero también, con una magistral y arriesgada  maniobra narrativa, sin dejarse llevar por la tentación de mostrar en pantalla el objeto repudiado, esto es, la propia violencia física.  

El argumento, de evidentes resonancias teatrales, brilla por su sencillez: Anna, Georg y su hijo Georgie se disponen a pasar las vaciones en una confortable casa de campo, junto a un lago. Con sus vecinos planean una partida de golf para el día siguiente, que se presume soleado y placentero. Pero la llegada de dos jóvenes extraños, supuestos huéspedes de sus vecinos, que argumentan el banal pretexto de solicitar prestados unos huevos, desencadena una lenta terrible y mortífera espiral de violencia.  Un cínico y gélido ángel exterminador bicéfalo parece haber depositado sus alas en aquel paradisíaco lugar.  
Radical de principio a fin, Haneke combate la violencia física concebida como espectáculo de diversión o simple entretenimiento, con inteligente y  dosificada -pero no escasa, sinó, hasta cierto punto, brutal- exhibición de violencia psicológica. El destinatario final, el espectador cómodamente instalado en su butaca, se siente objeto de una agresión íntima, en  lo más profundo de su conciencia, porque, en su identificación con los personajes  (las víctimas ficiticias de la violencia fílmica), son manipulados y vapuleados por el director, que se permite incluso (en el filo de la navaja de las convenciones narrativas) guiñar literalmente el ojo a cámara, como hemos dicho, un arriesgado ejercicio de "distanciamiento" que lleva en su interior la clave moral de la película. Cuando el más cruel y refinado de los dos jóvenes agresores vuelve la mirada y se dirige, directo y sarcástico, al espectador para preguntarle si desea que  vayan más lejos con la sesión de torturas,  el direc-tor insinúa complacencia en el ojo del voyeur y le sitúa ante un dilema: debe reconocer la atracción que ejerce sobre él, o por el contrario debe rechazar de plano tal representación del sadismo en la pantalla. Michael Haneke toma la decisión en su lugar y parece decir: "que siga el espectáculo".  

Desprovistos de recursos tan frecuentes como comerciales en el cine convencional  -acción (ese concepto banal y estúpido que todo lo inunda), escenas eróticas, variedad de situaciones y escenarios, o final feliz- estos "Divertidos juegos" ("Funny games") sumergen en irremediable vértigo al incauto espectador, al bienpensante y al librepensador, al conformista y al progresista,  a todos sin excepción. El impacto de su bofetada sobre nuestras fibras más íntimas puede emparejarse con el de "Saló y los ciento veinte días de Sodoma", del poeta Pasolini. En las antípodas de sus postulados estéticos, comparten, sin embargo, ambos filmes el aliento político y moral. 
 

Juan Carlos Rivas Fraile <jcriv@mundivia.es>

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